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En su cuento “El inmortal“, Borges describe a un grupo de gente que consigue la inmortalidad a través de beber agua de un río secreto que purifica de la muerte a los hombres. Esta gente, no importa lo que haga, no se muere. En este cuento, Borges postula que los inmortales, a quienes caracteriza como “trogloditas”, serían totalmente apáticos, dejados y sin un interés por vivir la vida. Este argumento también es usado por mucha gente que dice que no quiere ser inmortal ya que la vida carecería de sentido. 

Hoy, con los avances científicos y tecnológicos, nos estamos acercando a la factibilidad de un incremento substancial a la expectativa de vida…

Mientras que la expectativa de vida se mantuvo prácticamente constante desde la época de los Griegos y Romanos hasta principios del siglo XX (entre 30 y 40 años), durante el siglo XX, la expectativa de vida aumentó de 30-40 a 65 años (es decir unos 3 años de aumento por cada década), hoy ya se especula que la primera persona que vivirá 1000 años, ¡probablemente ya haya nacido! La gente quiere vivir más y seguramente cuando haya más pruebas de la factibilidad de una prolongación significativa de la vida saludable, habrá mucha inversión y atención para lograrlo lo antes posible.

Pero… ¿no nos estaremos metiendo en una trampa y por la codicia de querer vivir mucho terminemos todos como los trogloditas de Borges? Creo que no será así, y la razón es que hay una diferencia conceptual muy importante entre la inmortalidad de Borges y la inmortalidad a la que nosotros (o nuestros hijos o nietos) podremos acceder. Mientras que la inmortalidad de Borges era “garantizada” (no importaba lo que te pasara, no te morís), la inmortalidad que seguramente vamos a lograr a través de avances científicos y tecnológicos es una inmortalidad “incremental”.

Con cada avance, lograremos vencer a la siguiente causa de muerte. Por ejemplo, si nos va bien, quizá logremos prevenir o curar el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, las respiratorias y las infecciosas, que hoy constituyen las causas de casi el 70% de las muertes. Cuando hayamos logrado eso, seguramente tendremos que ocuparnos de causas de muerte que hoy parecen remotas, pero a las que no nos exponemos tanto porque nos morimos antes de otra cosa. La apuesta principal de los que buscan la inmortalidad biológica es que con la aceleración de los avances científicos y tecnológicos, con cada éxito en derrotar causas de muerte nos estaremos “comprando” suficiente tiempo para lograr el próximo éxito y así poder extender nuestra expectativa de vida indefinidamente.

Y ahí está la gran diferencia: para lograr la extensión de nuestra vida tendremos que luchar, es decir, la inmortalidad no está garantizada. Si bajamos la guardia (como sociedad o como individuos) como los trogloditas de Borges, no accedemos al elixir de la vida. Mientras que una sociedad donde la inmortalidad está garantizada tiene el riesgo de perder la motivación, nuestro camino hacia la inmortalidad parece garantizarla.

En futuros posts, voy a describir cómo podríamos llegar a la inmortalidad y por qué sería tan buena!!!

Foto: TheAlieness GiselaGiardino²³’s photostream